Elogio al Contrabandista

23 Jul, 2008 | Destructor | Comentar (55 opiniones hasta ahora)
Un espectro se cierne sobre el estado: es el espectro del contrabando. Contra ese espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias del viejo sistema social-estatal.

Los contrabandistas son personas que no esperan migajas de libertad, sino que toman lo que les corresponde y lo comparten con el resto.

El contrabandista simplemente ignora las imposiciones del estado. Hace de cuenta que este último no existe y, bajo las sombras, concreta lo que la voluntad del poderoso no quiere que exista.

El contrabandista es un verdadero liberal y, a la vez, un revolucionario de los pies a la cabeza.

Practica el libre-comercio más extremo, eludiendo todas las regulaciones, todos los impuestos y toda restricción.

Al mismo tiempo, su actividad es claramente revolucionaria, ya que erosiona las bases mismas del sistema social en vigencia. El contrabandista es el gran enemigo de los burgueses, porque toma su función pero desprendiéndose de la tutela estatal. Es un proletario que se ha cansado de serlo y quiebra todas las leyes para llegar al nivel del burgués. De ahí que los burgueses sean los primeros en extender el dedo acusador hacia el contrabandista. Son ellos, los burgueses, quienes no dejan de pedir el socorro estatal ante la “competencia desigual” del contrabando. Pero esas acusaciones son mentirosas, porque el contrabandista hace exactamente lo contrario: destruye la competencia desigual.

Cuando un estado cierra la economía o restringe de cualquier otra forma el comercio, lo que hace es desigualar. El estado regulador quita derechos a unos para hacerle la vida más fácil a otros (es decir, a las empresas protegidas). Y aquí aparece el contrabandista para equilibrar la situación, devolviéndole parte de sus derechos a los desposeídos y compitiendo contra los privilegiados. Ciertamente, el contrabando es ilegal, pero al mismo tiempo rebosa de justicia social.

El contrabandista puede ser considerado una suerte de comunista porque, además de enfrentar a la burguesía en su propio terreno, con su función da cumplimiento a la máxima “a cada cual según sus necesidades”. Aunque el Estado, los poderosos o la “sociedad burguesa” no lo quieran, el contrabandista provee a quien solicite su asistencia. ¿Se necesita tecnología extranjera prohibida? Ahí estará el contrabandista brindándola. ¿Alguien quiere drogas para ocultar su vida entre delirios? El contrabandista, amablemente, será su proveedor. ¿El clima de inseguridad hace que las familias requieran una protección adicional contra delincuentes? Las armas vendrán gracias al contrabandista. ¿Los automóviles importados son artificialmente caros debido a los altos aranceles? Los servicios de los contrabandistas harán que se ahorren miles de dólares.

También puede pensarse en el contrabandista como anarquista, porque tal como se dijo antes, le importa poco y nada el sistema estatal. De hecho, rendir tributo, es decir, pagar impuestos, no aparece entre sus necesidades. Y da así un golpe letal al Estado.

Pero a pesar de todos los beneficios sociales que prodiga, ser contrabandista no es fácil… porque estar en contra del estado (y de su maquinaria de violencia) no lo es. El contrabandista debe estar dispuesto a asegurarse la lealtad de sus asociados y contrapartes y también a vivir en las sombras. Si el Estado lo descubre, sus días como contrabandista acaban súbitamente (y, quizás, también sus días como individuo libre).

Por ello, el contrabandista debe ser duro y algo violento. Debe hacerse respetar e infundir miedo para evitar las traiciones. De ahí su mala fama.

No obstante, el contrabandista es un agente de cambio social. Es alguien que quiere algo e intenta concretarlo sin importarle la opinión ni la autoridad de los demás. Es alguien que no se conforma con el status quo y por eso trabaja afanosamente por una sociedad distinta. Por supuesto, a veces en forma inconsciente.

Aunque normalmente no se encuentra valorada, su función social es inestimable: es un límite real y permanente al poder dominante.

Todo aquel que quiera una sociedad diferente (sea liberal, socialista, anarquista o comunista) debería considerar a los contrabandistas como verdaderos héroes. Ellos son la avanzada del cambio, los peones que hoy se sacrifican para ganar el juego en el futuro.

Después de todo, ignorando leyes se hicieron y se harán mejores sociedades.

¡Contrabandistas del mundo, uníos!


Tiempo

22 Jul, 2008 | Destructor | Comentar - 0 -
Tan poco para decir y tanto tiempo disponible...
¿O al revés?

Profecías para la Argentina post K

18 Jul, 2008 | Destructor | Comentar (20 opiniones hasta ahora)
Argentina también tuvo su "Nostradamus": Benjamín Solari Parravicini.

Entre sus profecías se encuentra aquella que dice que "Argentina no será comunistada" y que "la clase media salva a la Argentina". Mmmm... algo muy parecido a lo que sucedió en estos días, con la derrota del gobierno K.

Si bien es un claro exceso tildar de "comunista" a los Kirchner, sabemos que en esto de las profecías no puede pedirse mucha exactitud.

Más allá de esto, las predicciones no terminan ahí. También pronostica que "La Argentina tendrá su `revolución francesa` en triunfo, puede ver sangre en las calles si no ve el instante del `hombre gris`"

Según parece, después de la Gran Rebelión de la Granja, aparecerá el Salvador de la Patria (y sino agarren los palos y los fierros porque viene complicada la mano).

Pero, ¿quién será ese "hombre gris"? Solari Parravicini, lamentablemente, no da pistas.
Y para suplir este hueco estoy yo (que no tan casualmente nací un 8 de agosto, como el profeta al que hago referencia).

Aquí van mis profecías múltiples y excluyentes (la elección queda a cargo del lector):

> Opción 1 (poco carisma, pero está de moda)
> Opción 2 (para izquierda, izquierda en serio)
> Opción 3 (cuando se vota, nadie ve...)
> Opción 4 (mi pollo personal)

¿Cuál prefieren?

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Para quienes se rían de Solari Parravicini, comparto tres de sus predicciones más conocidas:

Año 1936 dijo: "Cuba ideal de turistas será alzada en descalabros, será el oso y el oso sobre su cabeza permanecerá por 5 tiempos, luego un cúmulo de sorpresas le sorprenderá. Habrá sangre, sangre y fuego, fuego y muerte, y luego ¡nada!"

Año 1941 dijo: "Duelo de poderes entre yanquis y rusos. Duelo de conquista espacial y terreno. Aunque no parezca, América llevará el cetro."

Año 1939 dijo: "La libertad de Norteamérica perderá su luz, su antorcha no alumbrará como ayer y el monumento será atacado dos veces".

Si quieren más entren aquí.


Senado: más de lo mismo

17 Jul, 2008 | Destructor | Comentar (18 opiniones hasta ahora)
No pude evitarlo: me quedé hasta las 4,30 de la madrugada para ver la definición del debate en la Cámara de Senadores.

Sin las pasiones de por medio (me interesaba más la dinámica que el desenlance en sí), observé todoen forma relativamente imparcial.

Me daba lo mismo un resultado u otro, porque hace tiempo se que nada profundo iba a cambiar posteriormente. Podrán hablar de un "noche histórica", de "límites al poder", "de una nueva forma de hacer política", etc., pero la realidad es nada cambió.

Nada cambió porque no hubo una discusión sobre cuestiones de fondo.

Más allá de los pomposos y, en algunos casos, desquisiados discursos (unos equiparando a la protesta agraria con el lock-out de camioneros chilenos que fue antesala al golpe de estado de Pinochet y otros comparándola con el Boston Tea Party), todo sigue igual. Aunque con un gobierno más debilitado y una oposición en alza.

Entiendo que el gobierno quiera más recursos. También que el sector agro-exportador no quiera desprenderse de los mismos y que la oposición (y algunos ex-oficialistas) aprovechen la oportunidad para regresar al ruedo político.

Pero hasta ahí llegan las diferencias. En la mayoría de las cuestiones la afinidad de ideas entre unos y otros es notable: subsidios, promoción sectorial, modelo de país, políticas de Estado, etc, son algunos de sus conceptos comunes. En definitiva, en mayor o menor medida, todos aprueban el dirigismo estatal.

Escuché muchos discursos, y esperaba que en algún momento alguien dijera sin medias tintas que el problema real es el mismo hecho que el Estado intervenga en la economía (no importa si mucho o poco). Por supuesto, no pretendía que eso saliera de la mayoría de las bocas. Sólo quería escucharlo una miserable vez, para sentirme representado por una milésima de segundo. Y no ocurrió.

Evidentemente, estamos en las garras del discurso único: un discurso que acepta sin problemas que unos pocos desconocidos nos impongan sus preferencias personales a todos.


¿A quién le importa Aerolíneas?

14 Jul, 2008 | Destructor | Comentar (20 opiniones hasta ahora)
Aunque pienso que lo mejor sería que no intervengan en nada, siempre me llamó la atención esa necesidad de los gobiernos de ocuparse de los temas accesorios y evitar los realmente importantes. En otras palabras, hay una tendencia casi natural en los "hombres y mujeres de estado" (particularmente en Argentina) a preocuparse por el corto plazo y en muy escasas oportunidades abordar cuestiones "socialmente estratégicas".

Por ejemplo, ¿qué tema más importante para el futuro de un país que la educación? ¿Cuántos debates serios sobre la misma han tenido lugar en el Congreso argentino? No he escuchado ninguno últimamente.

La pobreza, sin dudas, es otra gran cuestión. ¿Qué medidas de fondo se han planteado? ¿Cuál es la guía estratégica para gestionar el problema? Silencio casi absoluto.

¿Y la Justicia, la Seguridad, la infraestructura? Nada en marcha.

En cambio, estamos rodeados de temas accesorios. El más reciente: Aerolíneas Argentinas.

¿Realmente el destino de esta empresa es algo importante para la sociedad? ¿Debería el gobierno preocuparse por el futuro de una empresa privada que brinda sus servicios casi exclusivamente al grupo de mejor situación socio-económica?

En vez de desgastarse pensando esas nimiedades y perdiendo el precioso tiempo pagado por el esfuerzo de todos, el gobierno debería hacer lo más simple: dejar actuar al mercado, autorizando el ingreso de competidores. ¿Aerolíneas da mal servicio o no es económicamente viable? Bueno, otras firmas podrían reemplazarla y el problema se solucionaría muy fácilmente.

Una línea aérea no tiene nada que ver con la soberanía, ni con la Patria, ni con el "ser argentino", ni con el bienestar social. Es solamente una empresa, que no cambiará a la sociedad si deja de existir. Y por eso el gobierno no debería inmiscuirse.

Ocuparse de Aerolíneas Argentinas es perder el tiempo de la sociedad. Sería mucho mejor que quienes gestionan el Estado se enfoquen en resolver los problemas reales. Pero ahora que lo pienso, ¿será que no lo hacen porque en el fondo saben que no pueden ni podrán solucionarlos?


La década de los ´90s

11 Jul, 2008 | Destructor | Comentar (28 opiniones hasta ahora)
Estoy de harto de las quejas sobre los ´90s. Ante cualquier atisbo de crítica a la situación actual, tanto críticos como criticados apelan al latiguillo infaltable: "hay que acordarse de los noventas".

Si, hay que acordarse. Pero no en forma tan naif como para creer que hoy estamos mejor.

Esto no es un elogio a esa época, que desde mi punto de vista fue un fracaso. Pero hoy vivimos una situación muy similar a aquella, aunque con discursos dominantes (es decir, palabras de moda) divergentes.

En aquel entonces se hablaba de "apertura", "libre-mercado", "privatización" y un largo etcétera. En la práctica había aranceles altos, monopolios privados con demanda cautiva y aumentos de impuestos, entre otras cosas.

Hoy se habla de "inclusión social", "modelo de país", "inversión pública", "intervención del Estado" y similares. Pero lo que existe es cortoplacismo, falta de infraestructuras básicas, deficiencias notables en la educación y la salud pública, una cultura de la limosna y demás.

Insisto en declarar mi coincidencia con la idea de que la década de los ´90 fue terrible y olvidable. Pero la actual también lo es: vivimos en un fracaso que es y será mayor. Aunque muchos aún no quieren ver ni expresar esto como consecuencia de ese horror que produce el saber que se están construyendo las derrotas y las ruinas del futuro.

Los discursos son distintos pero el resultado es el mismo: pobreza y exclusión.

En 1996, la pobreza en Argentina era del 26% de la población. Una enormidad.
En 2007, 30%. Una enormidad mayor.

Todo lo demás son palabras.